Michoacán a la Oaxaca

A finales de julio pasado, tuve la oportunidad de reportear la histórica decisión del gobernador de Oaxaca, Gabino Cué, auspiciada por el Gobierno Federal, en la que ordenó la desaparición del Instituto Estatal de Educación Pública, el IEEPO, el bastión de la Sección 22 de la CNTE.

Tanto la ciudadanía de Oaxaca, como la prensa y los tres niveles de gobierno esperábamos una de las reacciones más violentas, no de parte de los maestros, sino, como sucede siempre, de sus grupos golpistas y radicales que hacen presencia en los momentos de choque. Pero eso nunca llegó. No pasó de marchas reducidas y escuetas.

¿La razón? El golpe fue rápido, desconcertante, pero sobre todo planeado. Había una respuesta de la autoridad lista para cualquier situación. Si los maestros querían retomar las instalaciones de su edificio principal, antes tenían que enfrentarse con más de mil policías federales. Si los maestros querían bloquear el aeropuerto y las instalaciones de PEMEX, lo mismo. Si los líderes ordenaban la radicalización los estaban esperando más de 30 órdenes de aprehensión.

El gobierno pasó la prueba “Oaxaca” y el modelo estaba listo para replicarlo en donde fuera necesario. Finalmente, y ante un hartazgo ciudadano, tocó el turno a Michoacán.

La detención de los 52 normalistas en la caseta de Zirahuén, el pasado lunes 7 de diciembre, fue otra muestra de lo fácil que es aplicar la mano dura. Un hecho histórico y no en momentos fáciles. Para tocar a un normalista después de lo sucedido con los 43 de Ayotzinapa, debía haber, como en Oaxaca, un agravio a la ley (que sobran), pero sobre todo un plan.

Ir por los 52, entiendo, no fue una decisión tomada esa misma mañana. Ir por los 52 estaba planeado desde el momento en que el Gobernador Silvano Aureoles anunció la existencia de más de 80 órdenes de aprehensión contra maestros y normalistas, a inicios de noviembre.

Solo esperaban tener al mayor número de vándalos reunidos en un lugar sin escapatoria, como lo es una carretera, para detenerlos. Cuestión de lógica: mientras más detenciones más presión para los líderes que, al igual que en Oaxaca, hoy tendrán que decidir entre su libertad o pelear por lo indefendible. Conocemos la respuesta.

Por último: ¿Delito de robo para uso? ¿Es posible que exista eso? Pues sí, en Michoacán. Una mínima multa lo soluciona al no ser grave, es el favorito de los normalistas y los legisladores locales son cómplices de brazos cruzados. Ellos prefieren tener otras iniciativas como “realizar sesión solemne por el Sesquicentenario del canje de prisioneros en Acuitzio”. A ver cuándo.