Autocracias Sustentables ¿Cómo pasar del "unicato" al equilibrio?

Los científicos políticos tenían por archisabido que las autocracias económicamente exitosas desembocan al fin en la democracia, hasta que un artículo publicado en la revista Foreign Affairs por los profesores de la Universidad de Nueva York Bruce Bueno de Mesquita y George W. Downs acaba de introducir un nuevo termino inquietante: el concepto de las autocracias sustentables, esto es, de aquellas autocracias que, en vez de virar hacia la democracia a consecuencia de la prosperidad, están demostrando que son capaces de alcanzar la longevidad. ¿Por qué la teoría política dominante suponía que, una vez que una autocracia obtiene el éxito económico, le llega la hora de la democratización? Porque con la prosperidad surgen nuevas clases medias cuyos hijos van a la universidad, no se conforman con el paternalismo del Estado autoritario y reclaman más libertad y más participación en la vida política.

Este argumento sobre la evolución política de las autocracias económicamente exitosas venía avalado por significativos ejemplos. España es un caso. Todavía bajo la mano férrea de Franco, España empezó a crecer económicamente desde el momento en que el dictador convocó a los tecnócratas del Opus Dei, en 1959. Con la muerte de Franco y el advenimiento del rey Juan Carlos en 1975, con los Pactos de la Moncloa promovidos por Adolfo Suárez en 1977, España inauguró el camino de la democracia para convertirse en lo que es hoy: un país económica y políticamente desarrollado.

Chile, por su parte, entró en el crecimiento económico sostenido en 1985, de la mano del dictador Pinochet y su ministro Hernán Büchi. Cinco años más tarde, a partir de la presidencia de Patricio Aylwin, Chile se abrió a la democracia y mantuvo hasta hoy su marcha hacia el desarrollo económico. Países como Corea del Sur y Taiwan, que iniciaron su desarrollo económico bajo las dictaduras respectivas de Park y Chiang Kai-Shek en los años sesenta, empezaron a democratizarse en la década siguiente y son hoy democracias estables.

A partir de estos ejemplos y de otros semejantes, la secuencia "dictadura política-desarrollo económico-democratización política" parecía probada hasta que los profesores Bueno de Mesquita y Downs anotaron en el artículo mencionado los casos inquietantes de algunos países que, pese a conocer las primicias de la prosperidad, en vez de democratizarse han mantenido o agravado sus rasgos autoritarios. China empezó a crecer económicamente en 1979 con Deng Xiaoping y lo ha venido haciendo ininterrumpidamente desde entonces. Continúa manteniendo, sin embargo, una dictadura colectiva sin atenuantes. El mismo camino sigue Vietnam. El hecho de que Rusia crezca ahora vigorosamente, ¿no ha alentado acaso la marcha del presidente Putin hacia un gobierno cada día más autoritario? ¿Y qué decir de lo que significó en su momento Hugo Chávez en Venezuela? El otrora fenomenal aumento de los precios del petróleo le dieron recursos en los que no había soñado, ¿no lo está llevando más cerca de la dictadura que de la democracia? Según Bueno de Mesquita y Downs, las autocracias ya no languidecen como antes en medio de la prosperidad porque se han sofisticado.

Continúa siendo verdad que las dictaduras frontales, brutales, primitivas, no resisten los embates políticos de la modernización económica. Pero nuevos métodos autoritarios menos visibles, más sutiles, vienen ahora en ayuda de los dictadores, prometiéndoles perdurar. La clave de las nuevas tendencias autoritarias es reducir su impacto antes genérico para concentrarlo solamente en algunas zonas privilegiadas del cuerpo social. ¿Qué es lo que comunica su vigor a la oposición, favoreciendo a la democracia? Lo que los autores llaman la coordinación estratégica de las fuerzas no gubernamentales. El secreto de las dictaduras no es entonces salir a tontas y a locas contra todo lo que no se identifique con ellas, sino cortar los hilos que unen a los diversos grupos independientes, disidentes u opositores, hasta dejarlos aislados unos de otros. Un caso ejemplar es, en China, el condicionamiento de Internet para que no pueda ser convertida por los disidentes en una vasta red convocante. Que cada grupo de disenso se exprese entonces con cierta libertad en su lugar de origen, pero que no pueda coordinarse estratégicamente con los demás grupos que le son afines. Este es el secreto de las nuevas autocracias sustentables.