Tuve miedo, mucho miedo.

Decir que no tuve miedo sería falso. Al contrario. Éste estuvo presente en muchos episodios. Tuve miedo al ver a kilómetros columnas de humo levantarse por lo que, nos dijeron, era intercambio de bombardeos en territorio sirio.

Tuve miedo al abrir la cortina de nuestro hotel en Gaziantep, Turquía, y encontrar que la ventana era blindada y ya había contenido un par de impactos de bala. Tuve miedo cuando mis jeans se atoraron en las navajas de la malla que divide a Grecia y a Macedonia, mientras crecía el tono de las luces rojas y azules de la patrulla fronteriza en la oscuridad del bosque. Tuve miedo del hombre que dejó una mochila a nuestro lado en la sala de espera del aeropuerto de Estambúl y se fue como si nada. Tuve miedo incluso en México al ver que a los seis días de nuestro regreso, en esa misma terminal en la que dormimos dos días, suicidas dispararon contra los viajeros y luego se hicieron explotar para matar a más de 40 personas inocentes que sólo iban a tomar un avión.

El miedo estuvo presente la mayor parte del tiempo y sólo logré hacerlo menos cuando pensaba que la gente que estábamos entrevistando, incluídos niños hasta 20 años más chicos que yo, había corrido mayores peligros, mayores dificultades, los habían librado y estaban dispuestos a seguir. Lo mío, entonces, como dice un gran amigo, era un paseo en el parque para ellos.

Como parte de mi trabajo de reportero tuve la fortuna de vivir la que, hasta ahora, ha sido mi mejor experiencia en el periodismo y al mismo tiempo la más impactante: la cobertura de la crisis migratoria más grande que ha visto la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial. provocada, en gran parte por la guerra en Siria iniciada desde hace cinco años y que ha provocado la salida de ¡más de cinco millones de personas!, además del surgimiento del grupo terrorista Estado Islámico.

No hay siquiera necesidad de describir las historias remanentes del conflicto. Basta imaginar a niños de seis, siete, ocho, nueve, diez años, viajando sólos a través no de una ciudad, no de un estado, sino de países enteros, montañas, mares, mafias. Niños que no saben dónde están sus papás porque estos prefirieron arriesgarlos en la travesía a dejarlos en su pueblo donde habrían sido reclutados por los terroristas sin importar que no puedan con el peso de un arma.

Basta imaginar que doctores, ingenieros, arquitectos, abogados, comerciantes, la profesión que se les venga a la mente, tuvieron que cerrar su negocio y huir en cuestión de horas porque los bombardeos ya estaban pegando en la colonia vecina.

Basta imaginar que por profesar una religión distinta a la tuya, tu papá y tus medios hermanos quieran matarte.

Basta imaginar que aún ya en territorio neutral y tras haber vivido los resultados de la diferencia de creencias tus compañeros cristianos de refugio también quieran hacerte daño por ser musulmán o viceversa en lugar de convivir en paz.

El resultado de ese viaje es “Éxodo”. Un reportaje hecho en Siria, Turquía, Grecia e Italia que presenta las historias descritas arriba y que no son producto de la imaginación sino de una realidad que está lejos de superarse ante la indiferencia mundial. Este jueves 25 de agosto fue el estreno en “Despierta”, nuevo proyecto de Noticieros Televisa y lo pueden ver en el siguiente link: http://ow.ly/IF3p303zwmK o en la plataforma “Blim”.